lunes, 5 de marzo de 2012

Trescientos sesenta y cinco

¿Cuánto me llevaría publicar cada día de un año completo? ¿Un año según los calendarios? ¿Una eternidad según la medida de mi tiempo?

La respuesta es esta: 3 años, 8 meses y 18 días: el tiempo de todos los atardeceres en que un poema navegó por el incierto mar de lo virtual. 

Este blog fue bendecido, por decirlo de alguna manera. En algún momento de su vida, diversas personas de diversos puntos del planeta eligieron permanecer como amigos, visitantes, internautas (por aquí andan en la columna derecha: suman 700 personas). Lo realmente importante es que ha sido para mí un espacio de encuentro de una riqueza única. Con lectores, con escritores, con gente generosa que cede un tiempo para leer a una desconocida y a veces hasta contactarse.

He conocido a muchos poetas, que por la misma época tomaron la misma decisión de abrir su propio blog. Recordemos que en 2008 aún los blogs eran cuestionados por su banalidad aterradora. Decir "escribo poesía" y lanzarse a producir en un blog, tenía su riesgo. Pero cada uno con su fórmula, confluimos, aguas de un mismo río. Un cuerpo poroso y fértil empezó a generar un movimiento. Esos seres distantes, cada uno en su mesita de trabajo con sus poemas, fueron dándose citas -virtuales y reales- y, con el ejercicio del devenir, hemos empezado a reconocernos como parte de una comunidad.

Quiero decir, con todo esto: este blog -queridos lectores, amigos de Antes de que anochezca, visitantes ocasionales o abonados, compañeros poetas de todas las latitudes- sin ustedes no hubiese sido posible.

Me llevó nada más que 3 años, 8 meses y 18 días, ver crecer este espacio. Hoy miro alrededor y todo ha florecido.

Estos son días de festejo. ¡Salud¡





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