lunes, 27 de febrero de 2012

Trescientos sesenta y cuatro


Jugaba sola en el cañaveral

La tarde hervía
su silencio de chicharras

El pájaro cayó junto a la muñeca
que flotaba en la pileta inflable

La muerte entró al juego
justo a tiempo
para ser el papá



Del libro (en progreso) Maneras de ver morir a un pájaro, de A. Correa. Imagen: Allyson Mellberg

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