lunes, 31 de octubre de 2011

Trescientos cuarenta y cinco


El perro encerrado en la terraza lindera
vé venir la lluvia

Corre y ladra
se empecina


Los primeros gotones martillan su cabeza
aguijonean cada centímetro de su cuero

Agua fría sobre el llanto

Lamento de perro que no acepta
su desamparo entrando al poema


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