domingo, 5 de noviembre de 2000

Mujica Dixit

Misticismo y poesía

Octubre 2009. Hugo Mujica y Esteban Ierardo mantuvieron un diálogo sobre poesía y mística en la libreria/centro cultural Eterna Cadencia, Buenos Aires, Argentina. Se puede leer la desgrabacion completa en http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=4947#more-4947
Aquí un fragmento:


Hugo Mujica:
Esteban está hablando tácitamente de misticismo cuando dice “lo que no se puede nombrar”. Eso es lo que significa la palabra místico: aquello que se transmite con la boca cerrada. De ahí viene misterio, mística. A mí me gusta enmarcarlo en uno de los mitos más constitutivos de nuestro inconsciente, el Génesis. El Génesis de la religión judía dice que hay un abismo, después sopla un hálito y luego viene la palabra de Dios. Si nosotros lo escribiéramos ahora haríamos una película, una imagen, porque abismo en hebreo quiere decir “una boca que se abre”. En realidad, quiere decir bostezo, pero no con la connotación de aburrimiento: se abre una boca, sale el aliento y ese aliento se concreta en palabra. O sea: lo que está diciendo es que todo origen se origina cuando una boca se abre y una palabra se enuncia. Por otro lado misticismo es lo que se dice de ese abismo, pero sin abrir la boca. Esa es la tensión creativa: cómo decir lo que no se puede decir, pero que tampoco no puede dejar de hablarse de eso. En cuanto se pueda hablar sin decirlo, eso sería la creatividad.

Por otro lado tenemos esas dos dimensiones: la palabra cuando todavía es aliento –y creo que eso es la creatividad: poder descender donde las palabras están nacientes– y la palabra ya constituida que manejamos como moneda de cambio.

Mientras hablabas, estaba pensando en si eso que no se puede decir es, o si simplemente es un imposible que posibilita el hablar pero que no hay nada ahí. Porque si ponemos que hay algo que no se puede decir ya lo estamos haciendo con un fundamento constituido. Siempre está lo opuesto: que podemos hablar de lo que no es. Bueno, esa es la creatividad. Para mí la gran pobreza del siglo XX y ahora del XXI no es que creamos o no creamos en Dios, que no seamos capaces de inventar otra cosa tan grande como Dios como tuvieron otras culturas, como desiderátum hacia donde se lanzaban. No es el hecho de ateísmo o no ateísmo. Si no, como decía Nietzsche: ¿2000 años y ningún nuevo dios? Esa es la pobreza. Pero para seguir enmarcándome, quiero leer [un texto] que es muy breve pero plantea un poco esta idea de la creatividad del prólogo de uno de mis últimos libros, que es sobre el acto creador:

Sea que un dios creó al hombre a su imagen o semejanza, o el hombre imaginó a ese dios a imagen y semejanza suya, lo cierto es que cuando el ser humano comenzó a contarse el inicio del mundo en el que se encontró viviendo, dio como atributo primordial a ese dios el ser creador. Dijo –intuyo– que crear es el acto más inicial que un humano o un dios puede realizar o el acto en que uno y otro son un mismo acontecer, una misma fecundidad. Siempre que escribo –que es mi forma de crear– descubro o quizá inauguro algo de mí. De mí o de todos. Como si el saber, el entender, e incluso el obrar no fuese la inmediata relación que puedo establecer con mi ser o con mi nada. Como si el crear me enseñara también eso: que el crear es más originario que el saber, más abismal que comprender, más definitivo que actuar. Lo que busco decir, lo que busco pensar poéticamente o poetizar pensativamente en este libro es que en y con el acto creador, volvemos a revivir el evento más originario y revelador que cada uno de nosotros vivió: el haber nacido. El instante sin sombra ni memoria en que sin estar nos recibimos. El instante creador que al recibirlo nos hizo comenzar a ser. Cada acto creador nos sitúa en ese allí que no es lugar a la nada desde la que todo llega, a la escucha de lo que adviene buscando un nombre que le nombren su ser. Sin duda por esto mismo que una y otra vez en el escribir de estas páginas me encontraba homologando el crear con el nacer, el seguir creando con el continuar naciendo. Intuyo que en la relación cara a cara o desnudez a desnudez con el ser de la existencia la creatividad es la relación más decisiva. Tan decisiva que no podemos disponer de ella, tan decisiva que es gratuidad y don. Quizá, y finalmente, porque crear no es una manera de comprendernos: es la manera más radical de dejarnos crear.

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