Apenas llegábamos
la mujer nos encerraba en su balcón
y nos arrojaba a su hijo
en igualdad de condiciones
Entre los tres poníamos a prueba
la maquinaria de la nada
con pedazos de verano en los barrotes
el lenguaje de los autos allá abajo
partículas y constelaciones en permanente fuga
Seguro que había cosas peores que la tarde
entre el vidrio y el vacío
pero no sabe el animal
cuánto menos puede ser la vida
tras horas de ejercitar la espera
la mujer abría las compuertas de su sagrado living
y nos servía puntualmente
un vaso de leche y una porción de galletitas
los tres sorbíamos en silencio
nuestra civilidad recuperada
y en ese deleite de ser humanidad por media hora
con nuestros ojos mudos
lamíamos sus manos
agradecidos

