A veces hablo el idioma de los aeropuertos
Me despido de cada uno
y de cada cosa
sin saber si soy yo o si son ellos
los que parten
Vaya a saber donde obtuve esta extraña costumbre
que tanto practican las mareas
sábado 21 de noviembre de 2009
viernes 20 de noviembre de 2009
Doscientos treinta y dos
Tengo esta cabezota. La escarapela. Las medias, los zapatos blancos. El delantal está duro, almidonado. Voy a la escuela número 22 de la calle Sánchez de Bustamante y Cangallo.Me siento adelante de todo. Soy buena alumna. Hoy es un día de sol. Nada puede salirme mal.
No me dieron ganas de darle un beso. Pincha. Me pincha. La cara. La boca. Toda pinchada. Y a veces huele a cable y transpira.
Se fue. Anduve. Muñecas, cacerolas debajo de la mesa. Encontré una cucaracha muerta y la tapé con un papel para no verla. Ya no la vi.
Ella gritó porque tiré la manteca derretida al piso. Plaf, cayó como un huevo o una escupida. El piso estaba-recién encerado. Soy mala. Tiro mantecas derretidas sobre lo que ella ama.
Conté hasta un mil quinientos y me perdí. Aprendo a hacer un torniquete. Pero todavía no me sale bien. El me dice que si me muerde una víbora alguna vez, voy a estar preparada y me voy a salvar de morir envenenada. Pienso: víboras, selva, un lugar lejano. ¿Por qué debería yo cruzarme con una víbora si vivo en esta pieza verde con pisos encerados? A veces me cuesta saber en qué están pensando para enseñarte algunas cosas que creen tan necesarias.
La cucaracha sigue abajo del papel. Pero ahora es mucho más chica. Morirse es hacerse cada vez más pequeño.
***

Paseo en biciscafo por los Lagos de Palermo. Es domingo de octubre. Me puse mi jumper a cuadros, las medias tres cuartos con rombos, blancas y los zapatos nuevos. Mi pelo largo está tirante en una media cola. Asoma mi frente ancha.
¿Nos subimos a un cisne?
No, no es un cisne, es una foca. La foca podría corcovear o enloquecer y lanzarnos al agua pantanosa. A nadie parece importarle. Mi hermano lleva una de sus poleras y esta feliz. A él muchas cosas lo hacen feliz. Siempre se ríe.
Papá grita desde la costa, mírenme que les saco una foto y hace clic con la Kodak Fiesta. No sé qué más pasó ese día. Tal vez dimos vueltas y vueltas al lago y nos perdimos entre puentes de islas artificiales. Las algas en el fondo tejían su maraña, una trampa mortal bajo nuestro bello paseo flotante. Siempre es así. Mientras una foca corre o nada, el mundo choca a tus espaldas. Hoy sale el sol. Y mañana también saldrá. Pero no siempre el sol ilumina.
Tengo miedo: no puedo ser feliz con estas cosas que otros disfrutan tanto. Paseo en familia, lagos de Palermo, domingo de sol, todo es una postal. Pero yo siento el nerviosismo de mamá dentro de su chaleco verde loro tejido al crochet. Del lago, veo el pantano. Del paseo en biciscafo, veo el rostro de la foca de resina, helada.
Tal vez sólo me esté preparando para lo que vendrá.
En la foto me yergo como una reina pequeña y sonriente. Disimulo.
En el revés, la letra de mamá dejará su marca: "1° de octubre de 1973, último paseo con papá."
No, no es un cisne, es una foca. La foca podría corcovear o enloquecer y lanzarnos al agua pantanosa. A nadie parece importarle. Mi hermano lleva una de sus poleras y esta feliz. A él muchas cosas lo hacen feliz. Siempre se ríe.
Papá grita desde la costa, mírenme que les saco una foto y hace clic con la Kodak Fiesta. No sé qué más pasó ese día. Tal vez dimos vueltas y vueltas al lago y nos perdimos entre puentes de islas artificiales. Las algas en el fondo tejían su maraña, una trampa mortal bajo nuestro bello paseo flotante. Siempre es así. Mientras una foca corre o nada, el mundo choca a tus espaldas. Hoy sale el sol. Y mañana también saldrá. Pero no siempre el sol ilumina.
Tengo miedo: no puedo ser feliz con estas cosas que otros disfrutan tanto. Paseo en familia, lagos de Palermo, domingo de sol, todo es una postal. Pero yo siento el nerviosismo de mamá dentro de su chaleco verde loro tejido al crochet. Del lago, veo el pantano. Del paseo en biciscafo, veo el rostro de la foca de resina, helada.
Tal vez sólo me esté preparando para lo que vendrá.
En la foto me yergo como una reina pequeña y sonriente. Disimulo.
En el revés, la letra de mamá dejará su marca: "1° de octubre de 1973, último paseo con papá."
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Primavera 2009
martes 17 de noviembre de 2009
Doscientos treinta y uno
Al atardecer
el mundo se quiebra
en la quietud del bosque
a pecho descubierto
sin padre
ni madre
ni perro que nos ladre
sin sol
sin luz
y sin moscas
el mundo se quiebra
en la quietud del bosque
sin padre
ni madre
ni perro que nos ladre
sin luz
y sin moscas
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Primavera 2009
viernes 13 de noviembre de 2009
230. "Lo que no es loco no es verdad", Leónidas Lamborghini
Tenía una vieja Olivetti. La secuencia consistía en retirar todo lo que quedaba del almuerzo o la cena o la vida, y poner la Olivetti gris-azulada sobre la mesa. Él mismo lo contaba y se reía: las teclas eran díscolas, algunas de tanto martillarlas se saltaban y había que pescarlas dentro del esqueleto de metal de la máquina.
A sus pies el perro. Un perro fiel y acostumbrado a dormir con el martilleo sobre su cabeza. "La imagen es que las palabras se buscan desesperadamente", decía. Y de ahí las reescrituras, una suerte de distorsión de otra distorsión y de otra y otra. Sentidos modelados a fuerza de buscar la palabra con desesperación. Si le daban a elegir entre la vida fuera de aquella mesa con mantel , fuera de esa máquina que perdìa los dientes, él se reía. Y lo daba a entender: no quería decirlo abiertamente para no herir susceptibilidades. La Olivetti era la que lo llevaba hasta el límite de sí mismo y el vértigo, como si se tratara de un viejo piloto de riesgo, era lo único que le daba aire a su mundo.

Aquella vez fueron dos jornadas de cámara. Era la primera o segunda entrevista que hacíamos para la Audiovideoteca de Buenos Aires, a fines de 2004. El entrevistador fue Pablo Gianera. La primera vez no alcanzó el material y se arregló una segunda charla. Leónidas se había cortado el pelo y ya no tenía disponible la misma camisa gris/celeste de la primera cita. Por eso, en la edición del programa que salia por Ciudad Abierta hay unas variaciones de la luz y la realidad (pequeñas reescrituras).
Pablo, que lo conocía bien, lo convenció de que mostrara su biblioteca. La operación empezó en el pequeño líving del departamento de Laprida, y terminó dentro de un mínimo cuartito de servicio donde dormían Kafka, Dante, Joyce, Oliva y otros tantos noctámbulos condenados al cuartito por falta de espacio.
Luego caminó por el barrio. Las veredas rotas, muy rotas. Y dijo la frase que ayer mismo recordé: "La ciudad es la cárcel del deseo".
No fui amiga de Leónidas Lamborghini. Tampoco discípula. Fui lectora. Y fui una curiosa espectadora de aquella entrevista, una de las más largas que supo dar la Audiovideoteca (unas cinco o seis horas). En ella la idea bizarra de intentar hacer un archivo audiovisual sobre literatura, convenciendo a cada funcionario que se nos cruzó durante meses (y luego años) ,queda completamente justificada. Hicimos ese archivo para que Leónidas nos cuente infinitamente cómo escribía poesía, para que recree cómo surgía en él ese tenaz deseo por encontrar las palabras dentro de un mínimo ambiente porteño, en soledad, fuera del tiempo, mientras afuera la ciudad seguía estallando.
Sé con orgullo que, luego de su obra poética y el recuerdo de quienes compartieron con él la vida, no quedará mejor testimonio que aquella entrevista donde el hombre lee un poema inédito sobre Lewis Carroll. Como en una letanía el verso regresa con la fuerza de un remo contra el agua: "Lo que no es loco no es verdad", dice. Lo que no es loco no es verdad", repite.
Leónidas Lamborghini - 1927 -2010- ver entrevista/programa Obra en construcción
A sus pies el perro. Un perro fiel y acostumbrado a dormir con el martilleo sobre su cabeza. "La imagen es que las palabras se buscan desesperadamente", decía. Y de ahí las reescrituras, una suerte de distorsión de otra distorsión y de otra y otra. Sentidos modelados a fuerza de buscar la palabra con desesperación. Si le daban a elegir entre la vida fuera de aquella mesa con mantel , fuera de esa máquina que perdìa los dientes, él se reía. Y lo daba a entender: no quería decirlo abiertamente para no herir susceptibilidades. La Olivetti era la que lo llevaba hasta el límite de sí mismo y el vértigo, como si se tratara de un viejo piloto de riesgo, era lo único que le daba aire a su mundo.

Aquella vez fueron dos jornadas de cámara. Era la primera o segunda entrevista que hacíamos para la Audiovideoteca de Buenos Aires, a fines de 2004. El entrevistador fue Pablo Gianera. La primera vez no alcanzó el material y se arregló una segunda charla. Leónidas se había cortado el pelo y ya no tenía disponible la misma camisa gris/celeste de la primera cita. Por eso, en la edición del programa que salia por Ciudad Abierta hay unas variaciones de la luz y la realidad (pequeñas reescrituras).
Pablo, que lo conocía bien, lo convenció de que mostrara su biblioteca. La operación empezó en el pequeño líving del departamento de Laprida, y terminó dentro de un mínimo cuartito de servicio donde dormían Kafka, Dante, Joyce, Oliva y otros tantos noctámbulos condenados al cuartito por falta de espacio.
Luego caminó por el barrio. Las veredas rotas, muy rotas. Y dijo la frase que ayer mismo recordé: "La ciudad es la cárcel del deseo".
No fui amiga de Leónidas Lamborghini. Tampoco discípula. Fui lectora. Y fui una curiosa espectadora de aquella entrevista, una de las más largas que supo dar la Audiovideoteca (unas cinco o seis horas). En ella la idea bizarra de intentar hacer un archivo audiovisual sobre literatura, convenciendo a cada funcionario que se nos cruzó durante meses (y luego años) ,queda completamente justificada. Hicimos ese archivo para que Leónidas nos cuente infinitamente cómo escribía poesía, para que recree cómo surgía en él ese tenaz deseo por encontrar las palabras dentro de un mínimo ambiente porteño, en soledad, fuera del tiempo, mientras afuera la ciudad seguía estallando.
Sé con orgullo que, luego de su obra poética y el recuerdo de quienes compartieron con él la vida, no quedará mejor testimonio que aquella entrevista donde el hombre lee un poema inédito sobre Lewis Carroll. Como en una letanía el verso regresa con la fuerza de un remo contra el agua: "Lo que no es loco no es verdad", dice. Lo que no es loco no es verdad", repite.
Leónidas Lamborghini - 1927 -2010- ver entrevista/programa Obra en construcción
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jueves 12 de noviembre de 2009
Doscientos veintinueve
El ave vino a nosotros y se posó en el respaldo de la reposera de playa. Su ojo inquieto detectó algo de lo que estaba sucediendo mientras su corazón, preso dentro de ese cuerpo libre, latió aceleradamente. ¿Cuántas pulsaciones por minuto hay en el corazón del ave cuando el ave se inquieta? Su ojo circuló en derredor, brillante y vivo como un alma nueva. Hasta el siguiente vuelo.
En la memoria de un pájaro, los humanos son seres sin piel. Ruidosos y sin piel. Cubiertos de pies a cabeza con algo diferente de las plumas y el pelaje de ciertas bestias.
En la sabiduría que de la vida tiene un escuerzo, un humano es un ser invasivo. Ha construido una parrilla en su heredad, ha modificado el paisaje con plantas y macetas. Él, que tiene todo para ser piedra, ahora no sabe cómo pasar desapercibido en este paisaje nuevo. Se hace el muerto, explota la mímesis de sus tonos marrones diversos, pero llama la atención en vez de ser parte del todo. Su memoria le dice que hacer el muerto es lo único que cabe cuando un niño inquieto, de ciudad, lo apunta con una rama de árbol para que él muestre que está vivo. El sapo no respira, casi. Su tórax no se mueve más que lo necesario y luego, cuando ya no puede más, exhala en un solo y quieto movimiento de piedra el aire contenido en sus pulmones.
Lo que saben las aves del mundo: caer hacia la tierra con la flecha del pico apuntando al blanco. Lo que los escuerzos saben del mundo: observar el mínimo movimiento que le pueda brindar algún dato acerca del suelo.
El mundo es lo que conocemos. Bastaría con que cambiaran dos o tres detalles para que toda nuestra certeza se desmoronase. Dos o tres detalles. Una mañana en que despertáramos cubiertos de plumas. O una noche cualquiera en que, mientras miramos el asado cocinarse en la parrilla, algo nos llevara a pegarnos a la tierra y quedarnos de piedra para pasar desapercibidos.
No tenemos demasiadas posibilidades de ser otros. Apenas contamos con algunas opciones con las que, a duras penas, nos armamos de una identidad que los años cimentan. Y luego una pieza se corre de lugar y ya no sabemos quién nos habita.
El extraño que hay en nosotros, acecha. Acecha en cada pájaro o escuerzo de este mundo ciertamente ancho y ajeno.
En la memoria de un pájaro, los humanos son seres sin piel. Ruidosos y sin piel. Cubiertos de pies a cabeza con algo diferente de las plumas y el pelaje de ciertas bestias.
En la sabiduría que de la vida tiene un escuerzo, un humano es un ser invasivo. Ha construido una parrilla en su heredad, ha modificado el paisaje con plantas y macetas. Él, que tiene todo para ser piedra, ahora no sabe cómo pasar desapercibido en este paisaje nuevo. Se hace el muerto, explota la mímesis de sus tonos marrones diversos, pero llama la atención en vez de ser parte del todo. Su memoria le dice que hacer el muerto es lo único que cabe cuando un niño inquieto, de ciudad, lo apunta con una rama de árbol para que él muestre que está vivo. El sapo no respira, casi. Su tórax no se mueve más que lo necesario y luego, cuando ya no puede más, exhala en un solo y quieto movimiento de piedra el aire contenido en sus pulmones.
Lo que saben las aves del mundo: caer hacia la tierra con la flecha del pico apuntando al blanco. Lo que los escuerzos saben del mundo: observar el mínimo movimiento que le pueda brindar algún dato acerca del suelo.
El mundo es lo que conocemos. Bastaría con que cambiaran dos o tres detalles para que toda nuestra certeza se desmoronase. Dos o tres detalles. Una mañana en que despertáramos cubiertos de plumas. O una noche cualquiera en que, mientras miramos el asado cocinarse en la parrilla, algo nos llevara a pegarnos a la tierra y quedarnos de piedra para pasar desapercibidos.
No tenemos demasiadas posibilidades de ser otros. Apenas contamos con algunas opciones con las que, a duras penas, nos armamos de una identidad que los años cimentan. Y luego una pieza se corre de lugar y ya no sabemos quién nos habita.
El extraño que hay en nosotros, acecha. Acecha en cada pájaro o escuerzo de este mundo ciertamente ancho y ajeno.
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Primavera 2009
martes 10 de noviembre de 2009
Doscientos veintiocho
Golpéame con tu odio
la mañana se abre
a la duda
y todo tiembla
no hay ramilletes
de hierba
a orillas de la escuela 22
sólo el caserío
donde habitan
demasiados sueños
y alguien reza por su salvación
No está el campo
donde una niña dibuja
la noche
(la noche es una niña
que dibuja)
No sueltes mi mano
de almidón
mi pelo
no sueltes
cabello de ángel
No hay ceremonias blancas
sobre el blanco
pedregullo de mármol
rumbo a la escuela 22
Hay las paredes
descascaradas
y un himno
y las galletas Manon
y mi paraguas
en los charcos
Y las promesas
también blancas
anudadas a la cintura
son un beso
inútil
sobre la cabeza
de yeso de un recién nacido
Besemos santos
y muertos
besemos todo lo inmóvil
lo frío
besemos la mañana helada
rumbo a la escuela 22
donde la amnesia
respira
las horas
el guardapolvo ajado
y las cintas en el pelo
Allí fuimos
lo que se anunciaba
pura carne
para ser devorada
por las uñas sedientas
de lo que ya estaba escrito
la mañana se abre
a la duda
y todo tiembla
no hay ramilletes
de hierba
a orillas de la escuela 22
sólo el caserío
donde habitan
demasiados sueños
y alguien reza por su salvación
No está el campo
donde una niña dibuja
la noche
(la noche es una niña
que dibuja)
No sueltes mi mano
de almidón
mi pelo
no sueltes
cabello de ángel
No hay ceremonias blancas
sobre el blanco
pedregullo de mármol
rumbo a la escuela 22
Hay las paredes
descascaradas
y un himno
y las galletas Manon
y mi paraguas
en los charcos
Y las promesas
también blancas
anudadas a la cintura
son un beso
inútil
sobre la cabeza
de yeso de un recién nacido
Besemos santos
y muertos
besemos todo lo inmóvil
lo frío
besemos la mañana helada
rumbo a la escuela 22
donde la amnesia
respira
las horas
el guardapolvo ajado
y las cintas en el pelo
Allí fuimos
lo que se anunciaba
pura carne
para ser devorada
por las uñas sedientas
de lo que ya estaba escrito
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Primavera 2009
lunes 9 de noviembre de 2009
Doscientos veintisiete
Nadie dirá
cuál es el último segundo
de este equilibrio endeble
de este frágil permanecer
sobre la superficie
de las cosas
cuál es el último segundo
de este equilibrio endeble
de este frágil permanecer
sobre la superficie
de las cosas
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Primavera 2009
domingo 8 de noviembre de 2009
Doscientos veintiseis
Con naturalidad la anciana dijo:
"Esta será la morada"
y nos mostró lo que parecía una biblioteca
volúmenes encuadernados de tela enmohecida
cargadas las páginas de tierra y gusanos de plata
y yo que dejo que mis dedos
recorran los lomos de letras fantasmales
"Como en su casa"
y la anciana da dos vueltas al cerrojo
nosotros sonreímos
y empiezo a entender
que de la mitad de la pared hacia abajo
se suceden rectángulos desiguales
sobre ellos hay nombres grabados
"Aquí guardan las cenizas de sus muertos", te digo
y empezamos a leer aquellas letras
y los libros por encima con sus lomos
y debajo las lápidas de piedra
y no parece imposible
ni sorprendente
que me encuentre en la pequeña foto de una de ellas
que mi rostro tenga tal vez 13 o 15 años
que la lápida lleve mi nombre
y que yo diga ante la sorpresa:
"Qué increíble lugar es éste
para ser turistas"
"Esta será la morada"
y nos mostró lo que parecía una biblioteca
volúmenes encuadernados de tela enmohecida
cargadas las páginas de tierra y gusanos de plata
y yo que dejo que mis dedos
recorran los lomos de letras fantasmales
"Como en su casa"
y la anciana da dos vueltas al cerrojo
nosotros sonreímos
y empiezo a entender
que de la mitad de la pared hacia abajo
se suceden rectángulos desiguales
sobre ellos hay nombres grabados
"Aquí guardan las cenizas de sus muertos", te digo
y empezamos a leer aquellas letras
y los libros por encima con sus lomos
y debajo las lápidas de piedra
y no parece imposible
ni sorprendente
que me encuentre en la pequeña foto de una de ellas
que mi rostro tenga tal vez 13 o 15 años
que la lápida lleve mi nombre
y que yo diga ante la sorpresa:
"Qué increíble lugar es éste
para ser turistas"
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sueños
sábado 7 de noviembre de 2009
Duecentoventicinque
Il padre si risveglia col terrore negli occhi.
Dentro il suo incubo, il figlio corre a briglie sciolte: è sul punto di cascare in un profondo lago di acque quiete e lui non riesce a raggiungerlo.
Poco tempo dopo, anche suo figlio, che dorme a casa della nonna, si risveglia. Ho fatto un brutto sogno, racconta. Un sogno orribile: uno dei suoi amati pesciolini è saltato fuori dall’acquario ed è sul punto di morire, asfissiato. Per qualche strana ragione lui non riesce a salvarlo.
Potrebbe essere nient’altro che una storia. Che qualcuno sta raccontando a qualcun’altro, ma è in verità successo. Ieri notte padre e figlio si sono dati appuntamento in un altro punto della realtà, sulle rive di un fiume vasto e oscuro.
(Traducción de Milton Fernández)
El padre se despierta y hay terror en sus ojos.
Pocos minutos más tarde, su hijo, que duerme en la casa de la abuela, también se despierta. Ha tenido un mal sueño, cuenta. Un sueño horrible: uno de sus amados peces ha saltado fuera de la pecera y está a punto de morir asfixiado. Por alguna razón él no llega a salvarlo.
Podría ser un cuento. Podría estar narrando, pero sucedió. Anoche, padre e hijo se dieron una cita en otro punto de la realidad, a orillas de un río ancho y oscuro.
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sueño
jueves 5 de noviembre de 2009
Doscientos veinticuatro
Hay un libro en la orfandad
en él
escribo mis días
en él
escribo mis días
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