Agua viva. Clarice Lispector.

"Renuncio a tener un significado".

viernes 29 de enero de 2010

Doscientos cuarenta y ocho

Apenas llegábamos

la mujer nos encerraba en su balcón

y nos arrojaba a su hijo

en igualdad de condiciones


Entre los tres poníamos a prueba

la maquinaria de la nada

con pedazos de verano en los barrotes

el lenguaje de los autos allá abajo

partículas y constelaciones en permanente fuga


Seguro que había cosas peores que la tarde

entre el vidrio y el vacío

pero no sabe el animal

cuánto menos puede ser la vida


tras horas de ejercitar la espera

la mujer abría las compuertas de su sagrado living

y nos servía puntualmente

un vaso de leche y una porción de galletitas


los tres sorbíamos en silencio

nuestra civilidad recuperada


y en ese deleite de ser humanidad por media hora

con nuestros ojos mudos

lamíamos sus manos

agradecidos

Doscientos cuarenta y siete

se derraman mis brazos
se me enredan los ojos

se ensortija mi historia
en la tuya

tengo en vos
memoria de madreselva

martes 26 de enero de 2010

Doscientos cuarenta y seis

los niños dicen
“las siete de la tarde, llegó la hora”

indagan las hojas de una parra
quieren saber cuál es el camino
por el que regresan las hormigas

las voces se disgregan

es el principio de la noche
cuando los adultos echamos llave
a nuestro ser diurno

boca abajo ellos
al ras del campo
la humedad atravesándoles la ropa
degustan el vértigo de un olfato nuevo

con la cabeza hacia el cielo enrojecido
simplemente croan

miércoles 20 de enero de 2010

doscientos cuarenta y cinco

Nada me revelará la tarde.

Podré esperar las sombras y las sobras.
Dejar que pase hasta la última brisa de luz por mi jardín.
Detener las plumas en los árboles mudos.
Suspender mi voz.
Apagar todos los fuegos al borde de este acantilado que es o será la noche.
Aplastar la brasa incandescente como al borde de un cenicero universal.

Voy a rezar como si supiera
conciente por un segundo de que dependo de un orden ajeno
de un organismo del que nunca me han dado garantía
de una serie de gases en justa proporción que me rodean
o de ese sol que ahora se empecina en descomponerse en sombras.

Pero lo dicho
nada me revela la tarde
mientras todo se vuelve azul

lunes 18 de enero de 2010

Doscientos cuarenta y cuatro

Cae el viento
dijo el hombre

y el viento cae
en algún sitio que no es éste
de jardines vecinos
con árboles que no están
en mi tierra

en otro sitio siempre
algo cae
caerá

remolinos de sonido
en sucesivas notas

las agujas de los pinos
hieren una canción en la tormenta

es el lento derramarse
de la tarde

sobre la levedad
de las cosas

martes 12 de enero de 2010

Doscientos cuarenta y tres

Hojas de un árbol plateado y quieto
en el bosque de coihues
almas que penden de las sombras

niños de madera clara
ahogados en la corteza
de los arrayanes

estelas en la piel del lago
sombras de monstruos azules
de peces dueños de una cosmogonía propia
y arcoiris

voces en la lluvia muda
en la silente brisa de los cerros

en una tierra al sur del mundo
huérfana y ciega
con miedo y con la yema de los dedos

leo los signos que imprimen en su larga marcha
los hijos sin tiempo






jueves 7 de enero de 2010

Doscientos cuarenta y dos

Debo crear
y crearme
en una lengua
de retazos

de últimos peñascos
amarillos
sobre la tumba
del lenguaje

miércoles 30 de diciembre de 2009

Doscientos cuarenta y uno

La que habla es la lluvia

y en su voz

la violenta divinidad de las aguas verticales

en letras de cristal molido

repite una leyenda


Una ciudad vibra dentro de otra que yace

y su corazón viejo y cansado

es un perro de obsidiana que agoniza

rodeado de baratijas made in china


La que calla también es la lluvia


Y en su silencio duerme

una mujer ancha y húmeda

que gobierna las aguas del horizonte


recostada sobre el desierto

ve pasar la fiesta


Es en el sitio de la caída

donde el hombre y la mujer

se reunen en una ceremonia


Ellos son los que hablan y callan

ajenos a la furia de los tiempos

miércoles 23 de diciembre de 2009

Doscientos cuarenta



Doscientos treinta y nueve

La niña me dice que yo he sido

que hubo un tiempo sin pasamanos
donde se vivía de globos
y sonidos

me dice que he sido
una anciana atada
a una roca

que fui sirena
y tejí sueños de musgo

que seré relámpago mañana

la hace reir mi tiempo
que es un río
que se escapa hacia adelante

la niña me dice que hay minutos
que tengo pies
y soy anfibia

y que la frente
y el sol
en mi vestido anaranjado

se deshace de amor
y me llama

es un arabesco de arena
encantado por el viento

abre la caja de sus manos
y un grillo azul
salta a mis párpados

gotas de rocío

quien pudiera tener
su piel de luna